Es
curioso. Cuanto más pienso menos tengo para decir.
Es como hacer un viaje al caribe y estropear las fotos sin querer.
Velar el carrete.
No por eso es menos viaje, claro, pero cobra un tinte distinto.
Deja una huella, y a la vez un hueco.
Eso me ocurre con las palabras.
Con las fotos es mucho más fácil, porque el viaje se acaba
quedando reducido a ellas. Es un proceso de síntesis, una forma
de ahorrar espacio y trabajo en la nevera mental.
Eso me ocurre con las palabras.
Podría decirte hasta la ropa que llevaba el día que escribí
esto o aquello.
Si hacía frío o calor, si estaba de buen humor.
Pero no hay palabras desde hace mucho.
Y no puedo recordarlas todas. Se me han caducado y hay que devolverlas.
Se han estropeado, han sido sobreexpuestas a la luz solar. De tanto guardarlas
han quedado en desuso.
Que palabra tan bonita desuso.
Esta me la voy a quedar, aunque esté arrugada y vieja.
Desuso
Te la dejo aquí, para que te acuerdes de mí y de lo que
no te cuento.
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