Caen
hojas amarillas
sobre los coches, los niños y los charcos,
como si fueran palabras grises
sobre un cielo de pensamiento blanco,
intercalado de luces.
Van cayendo lentas,
como globos de tipografía.
(Cuando
voy a trabajar, me paseo dentro de un abrigo verde).
Cae
una tarde de alpaca,
que motea bancos y paredes,
hasta que casi no se ve.
(Mi
estufa y yo cedemos al cansancio del otoño).
Se
abren jugosos los frutos de las farolas,
sintéticos cocoteros.
Se
abre una noche enlatada,
te miro con ojos de sardina.
Y se abre tu cama
y mis sueños
Tú
me miras...
Y
es ahí, en tu sonrisa,
cuando todas las hojas del mundo,
vuelven a encaramarse a los árboles.